miércoles, 1 de febrero de 2017

Playa de la Fuente de Juan Ramón

CUANDO yo era el niñodiós, era Moguer, este pueblo,
una blanca maravilla; la luz con el tiempo dentro.
Cada casa era palacio y catedral cada templo;
estaba todo en su sitio, lo de la tierra y el cielo;
y por esas viñas verdes saltaba yo con mi perro,
alegres como las nubes, como los vientos, lijeros,
creyendo que el horizonte era la raya del término.

Recuerdo luego que un día en que volví yo a mi pueblo
después del primer faltar, me pareció un cementerio.
Las casas no eran palacios ni catedrales los templos,
y en todas partes reinaban la soledad y el silencio.
Yo me sentía muy chico, hormiguito de desierto,
con Concha la Mandadera, toda de negro con negro,
que, bajo el tórrido sol y por la calle de En medio,
iba tirando doblada del niñodiós y su perro:
el niño todo metido en hondo ensimismamiento,
el perro considerándolo con aprobación y esmero.

¡Qué tiempo el tiempo! ¿Se fue con el niñodiós huyendo?
¡Y quién pudiera ser siempre lo que fue con lo primero!
¡Quién pudiera no caer, no, no, no caer de viejo;
ser de nuevo el alba pura, vivir con el tiempo entero,
morir siendo el niñodiós en mi Moguer, este pueblo!

Juan Ramón Jiménez

jueves, 26 de enero de 2017

Canción del marinero

Barco de pesca. Pixabay. Dominio  público


Soy el marinero Buenapata,
que por los mares
voy dando la lata.
Yo soy el capitán,
el más temible,
pero a los truenos
les tengo un miedo horrible.

Por la Terranova
pesco bacalao,
que son unos peces
la mar de «salaos».

A los tiburones,
trato con cariño,
aunque soy muy viejo
soy igual que un niño.
Con mi catalejo
veo en la distancia
si aparece un barco
en la lontananza.

Durante la noche
me pongo a soñar,
enciendo mi pipa
y canto un cantar:

El mar es mi tierra,
el mar es mi espejo.
Toso, fumo y canto,
marinero viejo.

El mar es mi espejo,
me corto el bigote
cuando entre las olas
brilla un cachalote.

Viejo marinero,
el mar es mi cuna,
mi padre es el sol,
mi madre la luna.

Cuando yo era joven,
pescaba pescados.
Ahora que soy viejo
pesco resfriados.

Gloria Fuertes

martes, 24 de enero de 2017

Botoncito


Pintura de Claudia Tremblay
Yo tenía un botoncito
aquí, junto al corazón.
Era blanco y pequeñito
como el grano del arroz.

De la luz lo defendía
en la hora del calor.
Yo tenía un botoncito
apegado al corazón.

Fue creciendo, fue creciendo
y mi sombra la pasó.
Fue tan alto como un árbol
y su frente como el sol.

Fue creciendo, fue creciendo
y el regazo me llenó;
y se fue por los caminos
como arroyo cantador…

Lo he perdido, y así canto
por mecerme mi dolor:
“¡Yo tenía un botoncito
apegado al corazón!”


Gabriela Mistral

lunes, 23 de enero de 2017

Bailecito de bodas

Imagen de un totoral

Por el totoral,

bailan las totoras

del ceremonial.

Al tuturuleo

que las totorea,

baila el benteveo

con su bentevea.

¿Quién vio a picofeo

tan pavo real,

entre las totoras,

por el totoral?

Clavel ni alhelí,

nunca al rondaflor

vieron tan señor

como el benteví.

Cola color sí,

color no, al ojal,

entre las totoras,

por el totoral.

Benteveo, bien,

al tuturulú,

chicoleas tú

con tu ten con ten.

¿Quién picará a quién,

al punto final,

entre las totoras,

por el totoral?

Por el totoral

bailan las totoras

del matrimonial.

Rafael Alberti



El Reino del Revés

Pintura de Carlos Orduña Barrera

Me dijeron que en el Reino del Revés
nada el pájaro y vuela el pez,
que los gatos no hacen miau y dicen yes
porque estudian mucho inglés.

Me dijeron que en el Reino del Revés
nadie baila con los pies,
que un ladrón es vigilante y otro es juez
y que dos y dos son tres.

Me dijeron que en el Reino del Revés
cabe un oso en una nuez,
que usan barbas y bigotes los bebés
y que un año dura un mes.

Me dijeron que en el Reino del Revés
hay un perro pekinés
que se cae para arriba y una vez
no pudo bajar después.

Me dijeron que en el Reino del Revés
un señor llamado Andrés
tiene 1.530 chimpancés
que si miras no los ves.

Me dijeron que en el Reino del Revés
una araña y un ciempiés
van montados al palacio del marqués
en caballos de ajedrez.

Vamos a ver cómo es
el Reino del Revés.

María Elena Walsh

La pájara pinta

Pintura de Manuel Sierra

La pájara Pinta
y el pájaro Pintón
tenían su nido
debajo del balcón.

Se peinaba la pájara Pinta
mirándose en el pilón,
con el pico se hacía la raya
bajo el ala llevaba una flor.

Se peinaba la pájara Pinta
y una pluma se le cayó:
con la flor parecía más guapa,
con la pluma escribió la canción.

Gloria Fuertes

Fábula de la rosa y el velocípedo

Imagen de Pixabay


–Cuidado, Doña Perfecta,
–dijo a la rosa el biciclo–.
¿Por qué me sales al paso?
Si no te apartas, te piso…
–Pasa ya, tonto de acero;
no tienes miedo al ridículo.
–El jaramago te adora.
–¡Mentiroso!
                          –Yo lo he visto.
–Yo nací con la manzana;
vi a Eva en el Paraíso
y habrá rosas de mi estirpe
en el Día del Juicio.
–No sigas, rosa perfecta,
de eso a mí me da lo mismo;
tienes una vida efímera.
–Todo en la vida es efímero…
–Metafísica estás…
                                    –¿Qué oigo?
–Que eres medio tonta, digo;
más tonta que un miriñaque.
–Eres idiota, biciclo;
quiero decirte tres cosas:
¡cínico, cínico y cínico!
–Con los madrigales cursis
te embriagas, es tu oficio…
–Y el tuyo llevar al parque
los tontos en equilibrio.
–Tú no sabes geometría.
El relojero es mi amigo;
tienen ruedas sus relojes
que aprenden de mis prodigios.
Euclides hizo posible
que yo esté hablando contigo.
–Déjate de garambainas
y demás textos científicos;
cien poetas me cantaron
antes de nacer Virgilio.
–Vi libros de un ingeniero;
mi esquema viene en sus libros…
–Soy ex libris de las flores.
–Yo el colofón de lo antiguo:
los hombres quieren volar
e inventan el velocípedo.
La perfección de las ruedas
madura en mí su principio.
–¿Las ruedas eran cuadradas?
¿Rodaban a pie cojito?
–Mírame, frágil, aéreo,
tengo radios, no pistilos;
corto rosas de aire al viento,
corro como un cervatillo,
biselado por la brisa,
virtuoso y agilísimo;
tengo esbeltez de jirafa
que aparece en espejismo.
¿Y tú, rosa…?
                           –Presumido,
como no tengo tu labia,
ni tu jarabe de pico...
verás qué dice un poeta
que me canta en este libro…

         Y la rosa reflejaba
en níquel de velocípedo,
perfecta, pura, geométrica,
la Anunciación de un prodigio
que iba a emparentar compases
rosas, lápices y lirios.

Se cuenta que se casaron,
que tuvieron muchos hijos…

Automóviles perfectos,
hidroplanos de aluminio,
son los nietos de una rosa,
los nietos de un velocípedo.

Adriano del Valle